Hay más factores de erosión, por supuesto. Factores con una gran capacidad desencadenante. Reactivos fulgurantes. Al igual que sus antecesores en la Moncloa, Zapatero parece haber caído en la tentación de modificar desde el poder la relación de fuerzas en la industria de la comunicación (televisión, radio y prensa). Felipe González ya tuvo serios problemas cuando el PSOE quiso aprovechar la autorización de la televisión privada en España para crear un pool muy afín a sus posiciones, con la ONCE como fiduciaria. Acabó como el rosario de la aurora. Y a José M.ª Aznar le estalló en las manos el intento de generar, con la fuerza propulsiva de Telefónica, un gran grupo de comunicación llamado a una hegemonía de cien años. Las radiaciones del fallido lanzamiento aún son visibles en el cielo de Madrid.
Zapatero quizá no pretendía tanto, pero los ecos de su experimento han alcanzado esta semana las páginas de The New York Times. El presidente y su entorno sueñan desde hace tiempo con reducir la influencia ideológica de los mayores. En el actual léxico del PSOE, los mayores son Felipe González, Javier Solana, Joaquín Almunia, Carlos Solchaga..., la vieja guardia. Los mayores mantienen una excelente sintonía con el grupo Prisa (El País, Ser, Cuatro, Sogecable), pieza clave en la articulación informativa y cultural del centroizquierda español.
Hace un par de años, Zapatero vio con muy buenos ojos la aparición de Público, joven diario de izquierdas que apoya con entusiasmo la línea gubernamental, sobre todo en lo que se refiere a la política de costumbres. Azote de la Iglesia católica, Público es una iniciativa de Mediapro, grupo de comunicación con sede social en Barcelona que controla buena parte de los derechos de transmisión televisiva de la Liga de fútbol, en dura competición con Sogecable (Prisa). La batalla estaba servida y la severidad de la crisis económica, con sus consiguientes exigencias financieras, no ha hecho más que agrandarla.
Un intento de fusión de los negocios audiovisuales de ambas empresas ha fracasado, sin que el Gobierno haya retrasado la legalización de la TDT de pago, negocio para el que Mediapro ya está totalmente a punto. El consejero delegado de Prisa, Juan Luis Cebrián, fundador y primer director del diario El País, ha acusado este verano a Zapatero de "favorecer a sus amigos".
La publicación la pasada semana en El País de dos editoriales muy críticos con el Gobierno ha desatado el nerviosismo de numerosos cuadros socialistas. El jueves, el Congreso validó el decreto de la TDT de pago con el apoyo del PSOE, CiU y ERC. Ayer, el comité federal del PSOE cerró filas alrededor de su secretario general.
Un adversario parece aguardar al presidente del Gobierno en cada esquina. La Iglesia católica también se apresta a tomar la palabra. Organizaciones católicas de toda España están convocando para el 17 de octubre una gran manifestación en Madrid contra la nueva ley del aborto. Pretenden concentrar a más de un millón de personas. La iniciativa cuenta esta vez con un activo apoyo de Roma y del clero diocesano. Será la tarjeta de visita del nuevo nuncio del Vaticano, Renzo Fratinni.
La tormenta es colosal, los frentes antigubernamentales comienzan a comunicarse entre sí, las encuestas parpadean y unos aires de 1981 enfebrecen el caldero político madrileño. Zapatero avanza en busca del General Invierno. ¿Solo? No. Táctico impenitente, se trabaja ahora el apoyo del PNV, confiando en la buena estrella de Barack Obama (audiencia en la Casa Blanca el 13 de octubre) y en poder aislar con tesón los frentes que hoy se juntan con profecías de debacle.
lunes, 21 de septiembre de 2009
PRISA Y EL NUNCIO:¿NUEVOS FACTORES DE EROSIÓN A ZP?
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